Nombres compuestos

Canedo_AlbertoNo me gustan los nombres compuestos. El mío lo es. Me llamo Jesús Alberto por un capricho de mis padres, que querían que todos los miembros de la casa tuviéramos las mismas iniciales, J.A.C.. Pero en lo que a padre caprichoso se refiere, el padre de Miguel Servet se lleva la palma…

Todos sabrán que Miguel Servet era ese científico español que descubrió la circulación pulmonar de la sangre y que murió quemado por hereje en consideración a tan notable descubrimiento, pero en Carcaboso, además sabemos que Miguel Servet era el marido de Tía Águeda, la vecina de mi abuela. Yo siempre creí que era un mote, utilizado a menudo en los pueblos para distinguirnos, pero este caso es tan curioso que merece especial mención y contar brevemente su historia:

Tío Jesús Blázquez era un joven labrador que fue a dar una vuelta por el ejío para vigilar que su montón de trigo no fuera comido por los pájaros, cuando descubrió a un hombre que le estaba robando grano. El encuentro se resolvió con fatal desenlace: un palo mal dado, el ladrón muerto y los huesos de Jesús Blázquez a la cárcel de Valencia. Y es allí, en Valencia, donde parece comenzar esta historia. Tío Jesús, que era muy listo (dicho por su nuera), escribía a su familia a menudo, contando que estaba bien porque había hecho grandes amigos entre los presos políticos, que le ayudaban y protegían.

A su regreso al pueblo, una vez cumplida la pena, el día nueve de noviembre de 1919, Jesús Blázquez Rodríguez inscribió a su hijo recién nacido con el nombre de Miguel Servet Voltaire Cropokina Blázquez Conejero. Cuando vi la partida de nacimiento no daba crédito. Conocía la historia de Miguel Servet, de Voltaire…¿ pero quién era Cropokina? Pregunté por el pueblo, pero me sacaron de pocas dudas, pues donde estaba escrito Cropokina la gente pensaba que ponía Pocapringue… así que perdí la esperanza de averiguar quién podía ser.

Años más tarde, leyendo El laberinto español, lo descubrí. Gerald Brenan escribió este libro los años previos a la guerra civil y lo publicó una vez finalizada la misma. En cierto párrafo dice que los títulos de Kropotkin, El apoyo mutuo y La conquista del pan fueron los más editados en España… Y ahí es donde caigo : ¡¡Éste debe ser Pocapringue!!

A partir de entonces, busqué a Kropotkin y me sorprendí con la historia de un noble ruso, emparentado con el mismísimo Zar, ilustrado, viajado y con una idea muy clara, extraída de sus observaciones en la naturaleza y extrapolable a la política: el apoyo mutuo entre seres de la misma especie garantiza su supervivencia. Nada de lucha de clases, ni del hombre es lobo para el hombre. Todo lo contrario, colaboración, liderazgo compartido, cooperación… Una buena lección que se debería aplicar en la política actual.

Gracias Tía Águeda, porque al contarme la historia de su marido me ha ahorrado usted un par de años de facultad de ciencias políticas.

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2 comentarios

  1. Gracias Alberto. Leerte es deleitarse con el lenguaje más correcto y a la vez sencillo. Que acerca a las personas, historias, nombres y lugares, ojalá para que podamos ahondar o descubrirlos y conocernos mejor a nosotros mismos.

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