El primer tren no llegó a Extremadura desde España… sino desde Portugal

EDUARDO MURIEL // Ahora que los extremeños andamos empeñados en exigir, por fin, un tren más propio del siglo XXI que del XIX, no deja de resultar llamativo echar un vistazo a nuestra historia y comprobar que el gobierno de España tuvo, un par de siglos atrás, la misma dejación y apatía con respecto a este tema que han tenido los que se han turnado en la actual etapa democrática. Aunque bueno, parece que -a buenas horas- en la capital se han dado por enterados y prometen cambiar la situación. Ya veremos. Lo cierto es que Extremadura lleva soportando siglos de promesas incumplidas a sus espaldas y cada vez es más difícil hacernos creer en ellas.

Como muestra, un dato curioso: la primera locomotora que funcionó en Extremadura no nos unió con Madrid, ni con ninguna región española. Lo hizo con otra capital europea: Lisboa. Fueron los portugueses los primeros en conectarnos. Y eso, claro, no dejó de sorprender a los pacenses de la época. Así lo expresaba el diario El Avisador de Badajoz el 2 de julio de 1863: “….presenció Badajoz uno de esos espectáculos cuya fecha no se borra jamás de la memoria de los pueblos… tanto tiempo abriga un intenso deseo de que una locomotora cruce su suelo, le ha visto satisfecho en parte, aunque no por aquellos de quienes lo esperaba, viéndola aparecer a sus puertas procedente de Lisboa… inmenso fue el júbilo de los habitantes de Badajoz, pero aunque grande, mayor hubiera sido si en vez de recibir su visita de Portugal, hubiera venido de la Mancha”.

España ha traído avances con mucha, muucha pereza a Extremadura. El ferrocarril fue, no obstante, tozudo. Lo intentó una vez tras otra. Hubo un proyecto en 1846, que tenía previsto pasar por Toledo, Talavera, Trujillo y Mérida, donde se conectaría con Sevilla y Cádiz por una parte y con Badajoz y Lisboa por la otra. Pero no contó con los apoyos financieros necesarios. Se intentó también en 1853, pero de nuevo la falta de voluntad política arruinó la oportunidad. Y otra vez en 1854. Una ocasión más, el fracaso fue la última estación.

Tuvo que llegar 1855 para que Portugal y España firmaran un acuerdo por el cual el primer país construiría una línea de Lisboa a Elvas y el segundo la continuaría hasta Madrid. De nuevo, vivimos una larga espera hasta 1860, cuando por fin en Badajoz se puso la primera  piedra de la estación, en la caña de Santa Engracia. Y aún hubo que aguantar hasta 1863 para ver entrar, por fin, la primera locomotora a vapor en nuestra Extremadura. Eso sí, como destacaba El Avisador de Badajoz, irónicamente no lo hacía desde la capital de España, sino desde la de nuestro país vecino.

Llegaron desde Portugal 500 personas en ese primer viaje. El acontecimiento, en la ciudad y en toda la región, hubo de tener una resonancia inmensa. Para ver trenes circulando con normalidad hacia el resto de España tuvieron que pasar tres años más, hasta 1866, año en que nos conectamos con Ciudad Real. Pasaron dos décadas desde el primer proyecto de ferrocarril en nuestra tierra hasta que lo vimos funcionando. Por eso, ante las promesas, tengamos memoria. Y, sobre todo, acompañemos la reivindicación de un tren digno -que no significa AVE, ojo, sino eso, un tren digno y, por necesidad, económico para los extremeños- con una política de industrialización integral para nuestra tierra, que logre que estas nuevas vías, a diferencia de las antiguas, sirvan para desarrollar nuestra tierra y no, como han hecho siempre, para transportar de forma masiva a nuestros emigrantes.

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